Ben Bostick, “vivir es experimentar contrastes”

Los que me conocen saben de mi querencia por la música norteamericana de raíces. No puedo (ni quiero) evitar esa sensación de descubrir nuevos nombres en el género y saber que se van a quedar a tu lado mucho tiempo. Y Ben Bostick es uno de ellos. El californiano acaba de publicar su segundo disco, este homónimo, tras My Country (2016). Escucharlo y ponernos en contacto con él para charlar un rato fue todo uno.

 

Siendo de California tengo que preguntarte cómo está por allí la música country.

Pues la verdad es que está creciendo la escena. Hay muchos clubes de country por todo el estado. Es cierto que muchas son bandas que se dedican a hacer versiones en clubes de line dance. Yo he tocado algunas veces en esos eventos, pero prefiero tocar mis canciones. He estado mucho tiempo de residente en The Escondite, un garito del centro de Los Ángeles. Así que hay interés por la música de raíces. Piensa que Bakersfield está a solo dos horas de Los Ángeles y allí nacieron muchas cosas.

 

No eres de esos músicos que me va a decir que solo escuchan discos antiguos ¿verdad?

No, en absoluto. Como mucha gente de mi generación, crecí escuchando oldies y country clásico en el coche de mi padre, peor también hip hop o rock alternativo. Cuando empecé a tocar la guitarra, mis padres me regalaron para mi cumpleaños un libro de partituras de The Beatles y aquello cambió mi destino. Su música me enseñó a cantar, a escribir canciones y a arreglarlas. Líricamente, en cambio, siempre me tiraron artistas más poéticos como Bob Dylan, Townes Van Zandt o Leonard Cohen. Entre mis favoritos están clásicos como Merle Haggard, Waylon Jennings o George Jones, pero también artistas actuales como Jason Isbell. Eso sí, ahora me pillas obsesionado con Duke Ellington y sus grabaciones de los años 30 y 40 (risas).

 

Supongo que no hay duda en considerarte un artista country.

Mira, Kris Kristofferson dijo una vez “si suena a country, es que lo es”. Eso lo define todo. Está claro que mis canciones no suenan al típico country que suena en la radio, pero es country.

 

¿Definirías tu música como autobiográfica?

Totalmente, aunque no todo lo explicado pueda defenderse en un tribunal (risas). Cada canción que escribo nace en mi experiencia personal, pero a veces hay que añadir algo para intentar explicar la verdad mediante detalles ficticios.

Tu música me remite a tiempos del Greenwich Village mezclado con Laurel Canyon, pero también veo un fino nexo de unión con el movimiento outlaw y su carácter peligroso ¿cómo lo ves?

Estoy muy de acuerdo. Todos esos movimientos musicales me han influido enormemente. Quizá el que menos la música de Laurel Canyon, lo cual es irónico porque vivía muy cerca de allí. Es cierto que me gusta gravitar hacia la música peligrosa. Me encantan gente como Frank Zappa o The Doors por eso, precisamente. Hablar de alienación, drogas, traición…Reconocer la oscuridad del ser humano. Me desconcierta que la gente sea capaz de gritar que la vida es genial. La vida es grande, pero no es siempre así. Vivir es experimentar contrastes: alegría y dolor, facilidad y lucha, amor y angustia, riqueza y pobreza…Eso es lo que me interesa.

 

¿Qué hay de eso en la definición de ti mismo como “outside country singer”?

Acuñé esa definición para mi música porque estaba insatisfecho con las etiquetas existentes en el género. Outlaw está limitado a los setenta, bajo mi punto de vista, el country alternativo tiene unos convencionalismos que se me escapan y el Americana es básicamente un lugar donde colocar cualquier tipo de música hecha con instrumentos reales y no con computadoras. Así que inventé ese término para describir que toco música country fuera de las limitaciones actuales.

 

¿Qué papel jugó John Would para desarrollar el disco?

Esencial. John diseñó uno de mis discos favoritos de la época, The Idler Wheel de Fiona Apple, así que estaba muy emocionado por poder trabajar con él. Como artista y productor tiene una visión clara de lo que quiere. Yo le dije lo que quería yo y lo entendió a la perfección. Siempre que tenía una encrucijada creativa me ayudaba a llegar a la solución correcta. Me ayudó tanto que acabé acreditándolo como coproductor.

 

Eduardo Izquierdo